sábado 3 de abril de 2010

Identidades móviles en la era virtual


Relato de un pifie en un análisis de la identidad como valor de cambio social en el campo virtual.

Un error estúpido me dejó en una situación que me dio a pensar acerca de cómo estamos sujetos a la dinámica de una identidad particular, en éste caso, en el “nuevo” campo de batalla identitario: las redes sociales.

 Princesa Pelotuda / @PelotudPrincess (Twitter)

Hace unos días decidí concluir (tempranamente) mi proyecto paralelo en el ex blog El diario de la Princesa Pelotuda. Cuya idea original no era tan mala: se impregnaba de lugares comunes en lo ateniente al deber ser de la mujer actual y urbana. Proponía mostrar el entramado de la metrópoli en relación a lo que establece como pautas de agencia social, particularmente en cómo aparece reflejado el nuevo rol de la mujer, que se viene construyendo desde los '60.  
La Princesa Pelotuda cumplía con todo: como aún respondía al viejo modelo de mujer, la mina esperaba, esperaba que alguien o algo la rescate, la despierte de su burbuja de pelotudez que el mundo posmoderno le ofreció desde chica. Vivía en una Torre con amenities en la zona norte de la Capital Federal. No le faltaba nada: vivía sola "de arriba" (bancada por sus aburguesados padres), hacía las compras del super online, su vínculo con el mundo exterior era la laptop con conexión WIFI, la TV digital, la Cosmopolitan del mes y el iPhone. Era todo lo que necesitaba para estar al día de los puteríos típicos entre las viejas familias reales del Medioevo.

Pero hoy y en Capital Federal, en lo que considero es una supervivencia adaptada de los barrios privados o countries, dentro del perímetro crítico como es la Ciudad de Buenos Aires. Los ejecutivos ya no tendrán que viajar más de una hora para llegar a sus oficinas de Puerto Madero, si es que viven en estas nuevas Torres en pleno Belgrano, Palermo o Recoleta.
La idea del proyecto Princesa Pelotuda, era mostrar cómo no cambió nada en las dinámicas sociales generales, por más amenities, prótesis tecnológicas y redes sociales que se inventen. Somos y vivimos en la misma burbuja de la Edad Media, sin importar el extracto social, ya que los estándares identitarios y de relación son los mismos. Configurados ayer y hoy por patrones que tenían la misma ambición, si bien el clientelismo ofrecía un trato quizás más cálido y familiar (como su patriarcado aún ofrecía un relativo tipo de protección) que el presente Reino Neoliberal, donde la circulación funciona en relación a valores, que en definitiva, no valen nada.

Princesa Pelotuda mostraba la banalización de la vida cotidiana y esperaba dar un giro cualitativo a su modo de vida. Ella no era capaz de autogestionar el cambio, como toda pelotuda, esperaba que el cambio venga a ella. Sea en forma de príncipe o de oráculo.
A medida que se iba construyendo la trama, iban apareciendo nuevos personajes y roles. El blog pretendía utilizar su propiedad de red en extensión de modo que algún lector interesado pueda adoptar el rol de un personaje, crear su propio blog e interactuar con PP, respondiendo a un formato de tipo ciber-novela por entrega.
Así, es fueron apareciendo el clásico príncipe, invisible, sólo vivo en la imaginación y el deseo de PP. Adela del condado de Hurlingham, era su mejor amiga. La princesa de Opendoor, era la más puta de todo el territorio, la más envidiada, la que tenía “la vida hecha”. Pero el giro cualitativo descansaba sobre el portero, una vez que los padres de PP deciden despedir a su nodriza Delia, ya que su función de mensajera quedaba en desuso por el gran avance tecnológico-comunicacional.
El portero era un tipo algo supersticioso y escéptico a la vez, que se leía todos los diarios cada mañana, conocía los movimientos del barrio y de la Torre, y como tal resultó cumplir la función de oráculo de PP. Su guardián y salvador, quién lograría, eventualmente, despertarla y pincharle la burbuja que tenía de hogar. En su mesita en el hall de entrada siempre dejaba algún libro de Turner y Frazer.
A varios les gustó la idea, pero al fin y al cabo nadie producía nada y PP se quedaba sola, tal como en su Torre. Y se aburría.

Y he aquí el punto: se aburría porque era nadie. Carecía de reconocimiento y por lo tanto de una identidad socialmente legitimada.
Yo paso por eso todo el tiempo. Pero concretamente me sucedió hace dos días, cuando al decidir quitar de circulación a PP, por error también me quité de circulación a mí misma de Twitter.
Mi ex identidad en Twitter era @ThinkPinkFink, había logrado armar un cierto lugarcito, minúsculo, en la red. Y eso desapareció dejándome en el lugar de recién iniciada, sin followers, ni historial de tweets. Se empieza siendo nadie. Y los followers deciden quién sos y cuánto valés. Al igual que en cualquiera otra red social.

El pasado 24 de marzo se conmemoraba el día de la memoria y entre 4.000 y 10.000 (el número varía mucho según la fuente) personas se juntaron en Plaza de mayo, varios de ellos sosteniendo una bandera de 600 metros con las 30.000 caras de los desaparecidos, asesinados y torturados durante la última dictadura militar.
Desde hace pocos años, la gente ya se puede dar el gusto de aparecer y desaparecer a gusto en las redes sociales o de hacer aparecer y desaparecer a otros users. (Oops! De repente desaparecemos gente en nuestras redes sociales, ¡Pese la vergüenza sobre nosotros!)
¿En qué queda éste avance comunicacional que tan difícil es de resistir? Hasta el más reacio hoy ya tiene su cuenta de Facebook o Twitter. Ni hablar de los ya viejos perfiles de MSN o fotologs.
¿Es que no tenemos un control de cómo construir nuestra identidad y cómo queremos que repercuta en el campo social?; ¿Alguna vez tuvimos esa facultad?

Ya no cuenta cómo uno es  o qué es lo que uno hace. Es la cantidad de followers o users que te agreguen a sus redes sociales lo que legitima quién sos, y por ende determina tu valor en éste mundo (virtual) donde la gente circula y carece de esencia, más sólo en su ámbito extraciberespacial.
Al tiempo que esto sucede, la interacción virtual toma un lugar protagónico y va sustituyendo al real. Cuántas veces he hecho algún plan con alguien y luego terminar de ultimar detalles por mail, msn o sms. Lo que me pasa es que en lo que a los planes respecta, es que desconfío mucho de la gente, ya que está tan de moda ser “colgado”, la única alternativa que me queda para que el otro registre su compromiso es romper las pelotas por sms o mail y confirmar y reconfirmar la cita, plan, reunión o lo que sea.

Y así se devela la contradicción del mundo virtual: la gente se ha colgado paulatinamente, al tiempo que desea estar cada vez más conectada. El mundo virtual ya sustituye al mundo real y en éstas condiciones las identidades adquieren otra dinámica, otro valor, otra significación. Uno puede tener tantos users como desee, puede ser tantas personas como desee, puede regular el impacto en sus followers también como lo desee. Y todo varía en relación a la cantidad de flujo informativo que haga circular, sea en forma de fotos, chismes, frases de no más de 140 caracteres, links de Youtube (cuando no es uno mismo el que se expone haciendo pelotudeces), etc.
Lo importante es estar conectado y que se note. Es la nueva manera de ser alguien en este mundo.

2 Se encendieron:

Bolchevique Superstar dijo...

Bueno, es muy interesante. Particularmente no creo que el mundo virtual haya reemplazado al real, pero sí estoy de acuerdo en el tema de que la identidad virtual pasa mucho más por los followers que por el contenido de lo que uno es en sí mismo. El respeto, el prestigio dentro de la comunidad.
No se, ahora que lo pienso quizás también es así en el "mundo offline", donde la realización personal también se mide a veces por el nivel de respeto, de seguidores o de popularidad.

PD: sólo se puede comentar si accedo al post en sí y no desde la página general, me parece.

It's Chispa, bitch! dijo...

Bueno, de eso se trata. Lo virtual es una herramienta protésica de lo real. O al menos devino en esa función, en lo que a las relaciones sociales respecta.
El mensaje de lo virtual, uno de los tantos, es la oportunidad de enmendar todo lo que en el "mundo offline" (me encantó) no se puede o cuesta más. Los followers tienen el mismo peso, son una constante en ambos mundos. Sólo que son más accesibles en el virtual, ya que no es necesario el contacto vis à vis, el cual implica un cierto nivel de compromiso social e individual. No puedo evitar caer en la "liquidez" baumaneana, es tan abarcativa...