En el segundo día de mis cortas vacaciones, supe que falleció mi único y verdadero referente de mi infancia.
De chica casi sólo escuchaba las canciones de María Elena Walsh, los cassettes de Ruidos y ruiditos, y más adelante a Hugo Midón. Tuve la suerte de crecer rodeada de esos mensajes y enseñanzas, de hacerle ole a Flavia con Pelín y sus canciones, a Nubeluz y toda esa garcha generadora de infantes idiotas. Ni hablar de las películas/cuentos de Disney.
Sus canciones eran como un viaje a mundos que iba creando con mi imaginación a lo largo de la música y la letra. Nunca me relacioné de ése modo con el arte de chica. A partir de su música y sus cuentos podía crear, apropiarme y jugar con esas realidades ficticias que tan felíz me hacían y colmaban ése momento de juego de sentido. Era mi momento de juego y nadie podía sacarme de ahí. Era algo a respetar y tomar seriamente, era mi trabajo infantil.
Mi infancia tuvo muchísimo que ver con aquellos momentos y no sólo tengo el deseo sino hasta el deber de transmitírselo a mis hijos cuando los tenga, de darles esa posibilidad que hoy en día cada vez más lejana está y que fué dada en un principio por Maria Elena Walsh, la ideóloga de un mundo de fantasías que me invitaba a ser partícipe activa de su construcción donde las cosas en el mundo del revés adquirieron lógica mucho después, pero que ella me dió la posibilidad de empezar a conocerlas desde muy chica, y por supuesto me quedo muy corta y este post homenaje es muy mediocre, pero acabo de llegar de vacaciones y todavía estoy en un mucho intermedio entre el mar y la ciudad...
En mi recuerdo, siempre viva, Maria Elena Walsh.

1 Se encendieron:
me parece genial comoescribes y sieres mujer mucho mejor de donde sos?
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