viernes 20 de enero de 2012

Encuentros entre un lobo y un cuervo.[i]

En recuerdo de mi padre, Jorge Fink.

Un verano de octubre en 1887 las montañas se mostraban tupidas en escalas de verdes y azules, el sol brillaba conciso en el cielo azul de Suiza. Aquel día, en Romandía, nacía un cuervo. El cuervo que cambiaría la historia del arte, el paisajismo, la arquitectura, y las mentes de quienes la proyectan. 

Sesenta y dos años más tarde, en noviembre de 1949 en La Plata, también era verano. El sol proyectaba sus rayos y sombras en la perfección matemática de la ciudad, el Parque Pereyra Iraola olía a eucalipto. Ese día nacía un lobo. Un lobo fiel y protector, curioso y aventurero, fiero y tierno. Con el pasar del tiempo, el lobo supo que se podía aprender de los demás aunque fueran de otra especie. 

El cuervo voló a La Plata en 1949 para dejar uno de sus mensajes que repartía por el mundo, en 1953 lo terminó y fue el único que el cuervo pudo dejar en toda América del sur. Muchas otras criaturas del mundo irían a La Plata a leer el mensaje del cuervo suizo, y cuando el lobo había dejado atrás sus años de lobezno también leyó su mensaje pero no sólo en La Plata, el lobo anduvo por territorios desconocidos durante mucho tiempo buscando y aprendiendo de los mensajes del cuervo. 

En 1965, el cuervo enfermó pero como le gustaba mucho volar, dejar mensajes y hasta nadar en los lagos, su médico búho le aconsejó guardar reposo. Pero el cuervo era un pájaro fuerte, duro, tan negro y tenaz como ningún otro y decidió seguir haciendo lo que le gustaba, y así el cuervo se fue de este mundo. 

Para ése entonces, el lobo había recorrido territorios desconocidos pero no se fue de ellos sin dejar su marca distintitiva y más adelante compartiría sus aventuras con su compañera loba y sus cachorras. El lobo también tenía mensajes que dejar al mundo, pero sobre todo a su mundo, a sus territorios que habría conquistado para él y su jauría. 

Un verano de enero en Buenos Aires, al lobo le gustaba mucho jugar y experimentar juegos nuevos, también disfrutaba mucho de dejar sus mensajes. Otro búho, también doctor, le aconsejó que guardara reposo y que hiciera dieta, pero el lobo no tenía esos grandes colmillos para masticar hierbas, el lobo no podía dejar de ser quien es. Así el lobo también se fue de este mundo siendo quien siempre quiso ser y haciendo lo que más le gustaba hacer. 

Tal vez, el lobo y el cuervo se encuentren a compartir sus historias de repartición de mensajes y conversar sobre lo que les gustaba hacer en este mundo. Y así, el lobo y el cuervo sigan aprendiendo el uno del otro. 

Desde este mundo, la loba y sus cachorras suben todas las noches al monte más alto y mirando al cielo aúllan a la luna saludando al lobo. 


[i] El cuervo: Charles Édouard Jeanneret-Gris, (Le Corbusier) teórico de la arquitectura, arquitecto, diseñador y pintor suizo nacionalizado francés. Adoptó el seudónimo Le Corbusier, variación humorística (evocando a la palabra “cuervo”) del apellido de su abuelo materno: Lecorbésier. 

El lobo: Jorge Fink, de la Plata e hincha de Gimnasia y Esgrima de La Plata. Arquitecto con honores de la UNLP, docente de arquitectura no convencional, artista plástico, filósofo de la vida, enamorado de la vida yde mi madre, mi padre y el de mi hermana.

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